En los comienzos de la creación solo existían unos pocos dioses, y eran aquellos que se ocupaban de las cosas más importantes. Como Gea, la diosa de la Tierra, que se ocupa de que la tierra se mantenga redonda y en su lugar, pues de otro modo podría deshacerse en pedacitos. O Urano, el dios del cielo, que se ocupa de que las estrellas se mantengan allí alto y lejos en el cielo, y que no se caigan sobre nuestras cabezas.
Uno de estos dioses es el dios del Viento, su nombre es Eolo, pues ese es el nombre que le dieron los antiguos griegos, y ese nombre le gusto.
En los comienzos Eolo movía al Viento con las fuerza de su voz
- ¡Ve hacia el Este! - decía Eolo, y el viento soplaba en esa dirección.
- ¡Ve hacia el Oeste! - ordenaba el dios, y el viento viraba hacia ese punto
- ¡Arremolinate con fuerza! - gritaba con una voz potente, y grandes tornados y huracanes salían en todas direcciones. Y todo en la tierra cambiaba de sitio, las montañas, los lagos, los valles.
Claro que todo esto fue en los comienzos, cuando aun no había seres humanos en la tierra.En algunas contadas ocasiones Eolo sentía ganas de descansar un poco. En esas ocasiones, se echaba a la sombra de un gran árbol y solo susurraba: Quiero una brisa. Y una suave brisa lo acompañaba entonces mientras descansaba de sus tareas. Aunque esto sucedía pocas veces. El trabajo de un dios del viento no tiene muchos momentos de descanso
Durante un gran periodo de tiempo Eolo estuvo trabajando mucho, y se puede decir que disfrutaba mucho de su trabajo, además, era muy reconocido en todos los rincones del mundo. Su voz resonaba por toda la tierra
Cuando llego la época en que los seres humanos comenzaban ya a aparecer por la tierra, Eolo recibió una visita inesperada.
Apareció ante él Hermes, con sus sandalias aladas
- ¿Que quieres de mi Hermes, mensajero de los dioses? - pregunto Eolo
Hermes solo respondió - Zeus te manda llamar
- El jefe de los dioses, ¿Que quiere de mi, si se puede saber?
- No me lo ha dicho - dijo el mensajero de las sandalias aladas - te lo dirá personalmente
Ambos partieron presurosos hacia el Olimpo, el lugar desde donde Zeus gobernaba sobre cielo y tierra. Al llegar allí Eolo se postro con reverencia ante el gran dios y pregunto: ¿Que quiere, oh Zeus, portador del rayo, del dios del viento?
Zeus respondió con su potente voz - Me temo que no darte buenas noticias querido Eolo. Bien sabes que aprecio mucho tanto a ti como tu trabajo como dios del viento. Y que no es mi intención disgustarte ni causarte algún problema. No se como decirte esto gran dios, casi me da vergüenza. Es que los otros dioses que están a mi cargo se han estado quejando...
- ¿Quejando de que, oh Zeus?
- De que no pueden oír lo que sucede con los seres humanos. De que solo se oye tu voz resonando por la tierra entera. Y es importante saber para ellos lo que sucede allí en la tierra con los hombres. Para poder desenvolverse ellos mismo como dioses... lamento tener que preguntarte esto pero... ¿No podrías mover el viento de otra manera Eolo?
Eolo casi se desmaya por lo imprevisto de la situación ¿Mover el viento de otra manera? ¡No podía siquiera pensarlo! ¿Como hacer? ¡¿Como?!
- No se me ocurre como, oh soberano de los dioses, debería pensarlo por un tiempo...
Y en eso estaban cuando pidió la palabra Terpsicore, la musa de la danza - A mi se me ocurre como puedes hacer - dijo
- ¿Y como? - preguntaron todos al unisono
- Pues... ¡Danzando! ¡Yo te enseñaría con mucho gusto! Si tu quieres aprender...
- Bueno - dijo Eolo - Nunca había pensado en bailar. Lo intentare y veremos si funciona - concluyo el dios que no estaba del todo seguro ni contento con esta nueva propuesta
- ¡Pues que así sea!- dijo Zeus, obviamente satisfecho con la resolución de este asunto
Las clases de danza de Eolo llevaron un poco de trabajo al principio, pero fue entusiasmándose cada vez mas a medida que avanzaban las lecciones. Terpsicore resulto ser una excelente profesora, que trataba a Eolo con mucho amor y paciencia. Y Eolo, resulto al fin ser ¡Un gran bailarín!
Entonces Eolo comenzó a mover el viento danzando, el el viento respondía a los movimientos de su cuerpo. Un movimiento hacia el norte, y el viento seguía esa dirección. Un movimiento hacia el sur y el viento iba hacia allí. Un par de vueltas y un tornado se formaba. Un suave movimiento de manos y una suave brisa era la respuesta.
Y así paso Eolo danzando y danzando por días y días, semanas y semanas, lunas y lunas, años y años, siglos y siglos...
Hasta que un día, cansado de tanto bailar, Eolo salio a dar una vuelta y ver como marchaban las cosas por el mundo.
Se encontró primero con un grupo de nubes, las saludo pero ellas no parecían conocerle - Quien eres - pregunto una nube blanca y muy esponjosa
- ¿No me conoces? - dijo Eolo
- Ni un poco - le respondió la nube - En verdad, ¿Quien eres?
- Bueno, pues... ¿Quien creen que las lleva de un lado hacia el otro del mundo? - Les pregunto Eolo a todas las nubes
Una pequeña nube de tormenta de un color gris, casi negro, respondió - Es el calor lo que nos hace subir y amontonarnos. Es el frió el que nos hace descender y caer en forma de lluvia. Son estas las corrientes de aire que nos hacen mover - dijo muy orgullosa de ser tan inteligente
- ¿Y el Viento? - pregunto Eolo
- No sabemos que es eso - le respondieron las nubes
Entonces Eolo se alejo, sorprendido de que las nubes no lo conocieran
Se encontró luego con un bosque y pregunto entonces a los arboles, arbustos, plantas y flores, si sabían que y quien era el viento. Pero estos tampoco lo sabían
- ¿Y quien entonces mece sus ramas? ¿Quien hace que sus hojas caigan? ¿Quien dispersa el polen o hace que caigan sus semillas?
- No lo sabemos, no lo recordamos, pregunta a los pájaros, ellos lo ven todo desde el cielo y deben saber como sucede todo esto con el aire - dijo un viejo roble, un poco avergonzado
Eolo entonces se marcho entristecido, pues en el bosque tampoco lo recordaban, y se fue a buscar a los pájaros
Encontró una pareja de horneros y siguió preguntando para ver si lo recordaban, pero estos no sabían decirle bien, que era lo que los ayudaba a volar cuando las fuerzas de sus alas no bastaban
A esta altura Eolo estaba desconsolado por la tristeza y se marcho hacia el mar
Le pregunto al mar - ¿Quien hace las olas que hay en tu superficie? - y el mar le contesto - El agua se mueve siempre se mueve, hacia arriba y hacia abajo, aquí y allá, y así se me forman las olas
Eolo ya estaba comenzando a enojarse, así que se marcho sin decir nada, porque si hubiera soltado su enojo hubiera secado el mar con un solo soplido de furia desatada
Se marcho entonces triste y enojado hacia la cima de una montaña. La montaña que advirtió que el dios no se encontraba bien, le pregunto suavemente con su voz grave - ¿Que te aflije?
- Estoy enojado porque nadie me recuerda o conoce ¿Tu sabes quien hace que el polvo y las rocas se desprendan de tus laderas inmóviles? - pregunto el dios
- Si, las rocas pesan mucho y eso las hace caer. El polvo pesa poco y eso hace que se vuele - dijo la montaña
- ¡Ya ves! ¡Ni siquiera tu me recuerdas! - se quejo Eolo
- Eso es verdad no te recuerdo, pero puedo ofrecerte un lugar donde puedas recomponerte y descansar - expreso con calma la montaña - Hay una cueva en mi cima que es muy especial
- Gracias - dijo Eolo - por lo menos me brindas tu ayuda
Y Eolo se metió dentro de la cueva de la montaña y allí descanso
Fueron tres días los que Eolo estuvo durmiendo en la cueva de la montaña. Durante ese periodo sucedió lo que nadie imaginaba. Las nubes ascendían por el calor y descendían por el frió, pero no se movían de lugar, por lo que en algunos lugares llovía constantemente provocando inundaciones, y en otros no cayó ni una sola gota.
Los arboles estaban estáticos que parecían estatuas, ni una hoja cayó, ni el polen voló, ni las semillas se esparcieron. Ni una nueva planta nació durante tres días. A los pájaros les costaba mucho trabajo volar. El mar parecía un calmo lago y los delfines y las focas no pudieron jugar en sus olas porque no había ninguna. De la montaña no cayó ni una roca, no se desprendió ni una pizca de polvo...
Todo esto porque Eolo, el dios del Viento, dormía...
Cuando Eolo despertó de su gran siesta pudo ver dos grandes ojos verdes que lo observaban desde la oscuridad de la cueva - ¿Quien eres? -pregunto
- Soy un Dragón. Tiamat es mi nombre. Vivo en esta cueva desde hace miles de años. Te estuve observando mientras dormías. Puedo ver tu sueños ¿sabes? Se lo que te aflije - dijo el Dragón
- ¿Y sabes como puedo calmar mi ira? ¿Como recuperar la alegría? - dijo Eolo
- Si, lo se. Solo debes escuchar tu corazón. Yo también en un tiempo estuve dolido y enojado, y fue escuchando mi corazón que mi vida cambio para siempre.
- ¿Y como lo hago?
- Primero debes sentarte y respirar tranquila y profundamente. Deja que la respiración se lleve la ira y la tristeza. Cuando comiences a sentirte tranquilo, solo permanece en silencio y escucha, la voz de tu corazón no tardara en aparecer - explico Tiamat
Así hizo Eolo entonces, se sentó y respiro durante un largo rato, hasta que sintió por fin que la ira y la tristeza se marchaban, y luego solo permaneció en silencio
Durante un rato no sucedió nada, y Eolo pensó que talves su corazón fuera mudo, pero de repente oyó un suave susurro: Eoooooloooo
Y otra vez, cada vez mas claro - Eoooloooo, Eooolooo, Eooolooo... Soy tu corazón Eolo. No estés triste ni te enojes porque no se te reconoce. El viento es como el espíritu, permanece detrás de todas las cosas, invisible esta en todas partes, y la vida depende de él para existir. Debes disfrutar de ser viento pues eso es lo que eres ¡Se tu mismo! ¡Se feliz como eres! ¡Eres muy importante aunque nadie lo note! ¡Vive en paz!
Escuchando las palabras de su corazón Eolo sintió que recuperaba la paz y una enorme alegría lo envolvió, tanto que comenzó a danzar alegremente dentro de la cueva y el viento comenzó a moverse nuevamente
En eso se sintió un sonido, un suave silbido: shhhhhh... fuuuuuiiiiiiiiiuuuuu
- ¿Que es ese sonido? - pregunto Eolo
- ¡Ja jaja ja! - rió el dragón - ese sonido... ¡Es el sonido del viento Eolo! ¿Te das cuenta? ¡Lo has encontrado justo aquí!
¡Eolo estaba maravillado! ¡Era verdad! ¡Ese silbido era el sonido del viento! ¡Lo había encontrado gracias a la alegría que surgió en él por escuchar su corazón!
- ¡Gracias Tiamat! - dijo muy contento - ¡Eres un gran amigo!
- Ven a visitarme cuando quieras Eolo - saludo el dragón - Y ahora ¡Ve a hacer el viento!
Eolo se marcho feliz e hizo silbar el viento por todos los valles
Hay días en que el viento no sopla. Las nubes no se mueven, las ramas de los arboles están quietas, los pájaros casi no vuelan, el mar parece un lago...
... En esos días, es bien sabido, que Eolo se ha retirado a una cueva en la cima de una montaña y allí se encuentra conversando con su amigo, Tiamat el Dragón
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